

El mercado mundial de productos del mar es vasto y presenta importantes oportunidades para los productores brasileños de camarón y pescado. Sin embargo, acceder a este mercado requiere algo más que un producto de calidad; exige una planificación rigurosa, el cumplimiento de las normas internacionales y un control de producción impecable. El proceso para exportar producción acuícola es complejo, pero estructurarlo en etapas claras puede convertir este desafío en realidad.
Este artículo detalla los 10 pasos fundamentales para que una granja acuícola prepare su operación para el comercio exterior, destacando los requisitos sanitarios, documentales y de gestión.
Antes de realizar cualquier inversión en adecuación, es crucial realizar un estudio de mercado. El productor debe investigar qué países tienen la mayor demanda de su producto (ya sea tilapia, camarón u otras especies). Además, es necesario comprender las barreras arancelarias (impuestos de importación) y, sobre todo, las barreras no arancelarias, que son los requisitos sanitarios y de certificación específicos de cada bloque o país (como Estados Unidos, la Unión Europea o Asia).
La exportación de pescado casi siempre requiere procesamiento (como congelación, fileteado o cocción). Los productos de origen animal destinados al comercio internacional deben, obligatoriamente, ser procesados en establecimientos registrados en el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (MAPA) de Brasil. Por lo tanto, el productor debe poseer una Unidad de Procesamiento (UP) propia o utilizar una UP de terceros que cumpla con los requisitos del siguiente paso.
Este es, quizás, el paso más crítico para los productores brasileños. El SIF, vinculado al Departamento de Inspección de Productos de Origen Animal (DIPOA) del MAPA, es el sello que garantiza que el establecimiento sigue las normas higiénico-sanitarias brasileñas, las cuales son equivalentes a las internacionales. Sin el SIF, la exportación es legalmente imposible. La obtención del sello exige rigurosas adecuaciones estructurales en la planta de procesamiento, la implementación de Programas de Autocontrol (PAC) y auditorías constantes.
Los mercados internacionales exigen la capacidad de rastrear el producto «de la granja a la mesa». En caso de cualquier no conformidad, el importador necesita saber exactamente de qué estanque y de qué ciclo de producción se originó ese lote.
Esto requiere un control de datos extremadamente preciso. La utilización de un software de gestión, como Despesca, es fundamental en esta etapa. El sistema permite registrar toda la entrada de postlarvas o alevines, los tipos de alimento utilizados, los manejos, la biometría y los tratamientos. En consecuencia, durante una auditoría del SIF o de una certificadora, la granja puede proporcionar informes de trazabilidad completos y fiables, garantizando la seguridad alimentaria.
Mientras que el SIF es un requisito legal brasileño para exportar producción acuícola, las certificaciones internacionales (como BAP – Best Aquaculture Practices, ASC – Aquaculture Stewardship Council, o GlobalG.A.P.) son exigencias del mercado. Los grandes compradores en EE. UU. y Europa utilizan estos sellos para garantizar que la producción es sostenible, socialmente responsable y sigue las mejores prácticas de manejo.
Según publicaciones técnicas, como el libro electrónico «Principales Tópicos para Obtener Certificación para Exportación en Acuacultura» (Phibro Aqua, 2020), la certificación BAP, por ejemplo, abarca toda la cadena, desde el laboratorio de postlarvas hasta la fábrica de alimento y la planta de procesamiento.
Los costos de exportación difieren significativamente de los costos del mercado interno. El cálculo financiero debe incluir:
Una gestión financiera detallada es vital. Las herramientas que ayudan a controlar los costos de producción, como las hojas de cálculo de gestión o el software integrado, son esenciales para garantizar la rentabilidad de la operación.
Ninguna empresa puede exportar o importar en Brasil sin estar habilitada en el Sistema Integrado de Comercio Exterior (SISCOMEX). Este es el sistema de la Receita Federal que centraliza todas las operaciones de comercio exterior. La habilitación (conocida como «Radar») es el primer paso burocrático para formalizar la empresa como exportadora.
El pescado es un producto altamente perecedero. Garantizar la cadena de frío es innegociable. Para los productos congelados, la temperatura debe mantenerse rigurosamente (generalmente -18°C) desde el túnel de congelación en la UP hasta el destino final. Además, el etiquetado y el embalaje deben cumplir con las normas del país de destino, incluyendo información nutricional, fechas de caducidad, alérgenos y los sellos de inspección correctos.
Una vez que la granja y la UP están adecuadas, comienza la fase comercial. Esto implica participar en ferias internacionales de productos del mar (como Seafood Expo Global en Barcelona o la de Boston), contratar brokers internacionales o negociar directamente con grandes cadenas minoristas y distribuidores. Los contratos internacionales (Incoterms) son específicos y definen claramente las responsabilidades de costos y riesgos entre el vendedor y el comprador.
La última etapa es la operación de embarque. Cada exportación genera un conjunto de documentos esenciales:
Se recomienda contratar a un despachante de aduana con experiencia para garantizar que toda la documentación esté en conformidad, evitando retrasos y multas.
El éxito al exportar producción acuícola depende directamente de la capacidad del productor para demostrar la calidad y la conformidad de su proceso. La trazabilidad exigida por el SIF y las certificaciones internacionales no permite fallos.
El uso de un sistema de gestión como Despesca centraliza toda la información del ciclo productivo. Desde el control del inventario de alimento e insumos hasta el monitoreo de los parámetros del agua y el registro de la mortalidad, todo está documentado. Esto simplifica drásticamente las auditorías, optimiza el uso de insumos (reduciendo costos) y proporciona los datos necesarios para asegurar a los compradores internacionales que su producto es seguro, sostenible y de alta calidad.