

Para productores de camarón y pescado, gestionar los residuos y efluentes en la producción es esencial para garantizar la sostenibilidad ambiental y la salud del cultivo. El manejo adecuado reduce impactos negativos y mejora la eficiencia productiva, promoviendo la bioseguridad del emprendimiento. A continuación, se presentan 10 formas importantes para gerenciar correctamente los residuos y efluentes de su producción, destacando prácticas técnicas e innovadoras.
Los Sistemas de Recirculación Acuícola (SRA) permiten la reutilización del agua tras tratamientos físicos, químicos y biológicos. Estos sistemas filtran sólidos en suspensión, amoníaco y compuestos tóxicos, manteniendo la oxigenación. Menos del 3% del volumen se renueva diariamente, ahorrando agua y reduciendo la descarga contaminante. La desinfección con UV y ozono elimina patógenos, previniendo enfermedades en cultivos densos.
Las balsas de estabilización usan plantas acuáticas como macroalgas y manglares que actúan como biofiltros naturales. Absorben y transforman nutrientes (nitrógeno, fósforo) en biomasa, reduciendo la carga contaminante y manteniendo la calidad del agua. Este tratamiento natural disminuye la carga orgánica y localiza el tratamiento de efluentes.
Las BPM incluyen reducción en la frecuencia de renovación del agua para evitar desperdicios, adecuada aireación para oxidar materia orgánica, y calado para regular el pH y estimular microorganismos benéficos en el sedimento tras la cosecha. Un manejo correcto del sedimento evita zonas anaeróbicas que generan compuestos tóxicos.
El tratamiento para cumplir normativas ambientales incluye clarificación mecánica, neutralización química y tratamiento biológico (reactores aeróbicos y anaeróbicos) para degradar materia orgánica y nitrógeno. Esto reduce la carga contaminante y minimiza los efectos negativos sobre cuerpos receptores.
Mediciones continuas de oxígeno disuelto, pH, temperatura, amoníaco, nitrito y sólidos en suspensión permiten detectar cambios tempranos. Sensores automáticos brindan datos en tiempo real para ajustes inmediatos, manteniendo el equilibrio y la salud del sistema.
La separación adecuada de residuos sólidos como alimento no consumido, heces y material vegetal previene contaminación. La compostaje y digestión anaerobia convierten residuos orgánicos en fertilizantes o biogás, facilitando el reciclaje y la disposición ambiental correcta, además de controlar vectores patógenos.
La formación técnica en bioseguridad, manejo de equipos e interpretación de datos asegura la correcta implementación del manejo de residuos y efluentes. Equipos capacitados reducen errores y promueven la sustentabilidad.
Los sistemas automatizados permiten controlar flujos, aireación, filtración y dosificación química. La inteligencia artificial y sensores conectados optimizan el manejo, aumentando la productividad y reduciendo riesgos.
Un plan de gestión ambiental considera la conservación del agua, control del suelo y mitigación de impactos según normativa para evitar pasivos y asegurar el cumplimiento legal.
Prácticas sustentables incluyen reutilización de agua, reciclaje de residuos y sistemas biológicos integrados como la acuaponía que aprovechan nutrientes para cultivos vegetales. El uso responsable de químicos y la valorización de residuos como recurso apoyan una producción más limpia y rentable.