La acuicultura moderna es un campo en constante evolución, donde la búsqueda de una mayor eficiencia productiva y sostenibilidad financiera dicta el ritmo de las innovaciones. En el centro de esta discusión, dos modelos de producción destacan y, con frecuencia, colocan a los productores en una encrucijada estratégica: el sistema convencional (extensivo o semiintensivo) y el sistema de tecnología biofloc (BFT). La elección entre ellos no es trivial e impacta directamente en la inversión inicial, los costos operativos y, en consecuencia, la rentabilidad del emprendimiento.
Este artículo se propone realizar un análisis comparativo profundo entre los dos sistemas, desglosando los principales factores económicos y productivos para ayudar al acuicultor a tomar la decisión más alineada con sus objetivos, capital disponible y perfil técnico.
El sistema convencional, ya sea extensivo o semiintensivo, representa la base histórica de la piscicultura y la camaronicultura. Se caracteriza por el uso de grandes áreas de estanques, densidades de siembra de bajas a moderadas y una dependencia significativa de las condiciones ambientales y la productividad natural del cuerpo de agua.
En este modelo, el recambio de agua es una herramienta de manejo constante, utilizada para eliminar el exceso de nutrientes y metabolitos, como amoníaco y nitrito, y para mantener los niveles de oxígeno disuelto. La alimentación es, en gran parte, suplementaria a la productividad primaria (fitoplancton) del estanque.
La inversión inicial en un sistema convencional se destina predominantemente a la adquisición o arrendamiento de grandes extensiones de tierra y a la construcción de los estanques. El costo por hectárea excavada puede ser menor en comparación con estructuras más intensivas, pero la necesidad de un área total significativamente mayor para alcanzar una producción a escala eleva el valor final de la inversión.
La infraestructura de soporte, como los aireadores, es necesaria, pero en menor densidad por área en comparación con el BFT. Se requiere un sistema robusto de captación y conducción de agua, capaz de promover las altas tasas de recambio que el sistema exige, lo que también representa un costo inicial considerable.
Los costos operativos en el modelo tradicional están dispersos. El gasto en alimento, aunque es uno de los componentes principales, tiende a presentar una tasa de conversión alimenticia (FCA) menos eficiente. Parte del alimento no consumido y las excretas de los animales se acumulan en el fondo, exigiendo manejo y pudiendo generar zonas anóxicas.
El costo de la energía eléctrica se dirige principalmente al bombeo de agua y a una aireación suplementaria. La mano de obra, aunque necesaria, generalmente no exige un nivel de especialización técnica tan elevado como en sistemas superintensivos, centrándose más en rutinas de alimentación y monitoreo básico. La productividad, medida en kilogramos por hectárea, está limitada por la capacidad de carga del ambiente, raramente superando las 5 a 10 toneladas por hectárea/año en sistemas semiintensivos bien manejados.
El sistema de tecnología biofloc (BFT) es un enfoque biotecnológico que transforma un problema —la acumulación de desechos nitrogenados— en una solución. En este modelo, el cultivo se realiza en altas densidades, en tanques o estanques más pequeños y con un recambio de agua mínimo o nulo.
A través del manejo de la relación carbono/nitrógeno (C:N) del agua y de una aireación constante e intensa, se estimula el desarrollo de una comunidad microbiana (bacterias, microalgas, protozoarios). Estos microorganismos se agregan en «flóculos», que eliminan los compuestos nitrogenados tóxicos del agua y, al mismo tiempo, sirven como un suplemento alimenticio rico en proteínas para los animales cultivados.
La inversión inicial en BFT es notablemente más alta por metro cuadrado. Aunque el área total necesaria es drásticamente menor para un mismo objetivo de producción, los costos de infraestructura son intensivos. Se exige la construcción de estanques o tanques más pequeños, impermeabilizados y con un diseño que facilite la circulación del agua y la suspensión de los flóculos.
La principal diferencia en la inversión radica en el sistema de aireación. El BFT depende de una aireación continua y potente (a través de sopladores, aireadores de paletas, mangueras porosas) para suplir la alta demanda de oxígeno de los animales y de la comunidad microbiana, además de mantener los flóculos en suspensión. Un sistema de respaldo de energía, como generadores, no es opcional, sino un elemento de seguridad obligatorio, elevando el costo inicial.
En el BFT, el perfil de los costos operativos cambia. La factura de electricidad se convierte en el principal costo variable, superando muchas veces el costo del alimento, debido a la necesidad de aireación 24/7. Por otro lado, el costo del agua se elimina virtualmente, lo que representa una enorme ventaja económica y ambiental, especialmente en regiones con restricciones hídricas.
El costo del alimento se optimiza. La conversión alimenticia en BFT es significativamente mejor, ya que los animales se alimentan continuamente de los bioflóculos, aprovechando la proteína microbiana. Esto permite el uso de alimentos con menor contenido de proteína cruda, reduciendo el costo por kilo de alimento. La mano de obra necesita ser más cualificada, con conocimientos en microbiología y química del agua para el manejo fino de los parámetros.
La productividad es el gran triunfo del BFT. Es posible alcanzar densidades de producción que superan las 30, 40 o incluso más toneladas por hectárea/año, un salto exponencial en comparación con el sistema convencional.
Al analizar el costo final por kilo de pescado o camarón producido, la balanza se equilibra. En el sistema convencional, los costos se diluyen en una producción menor por área, con un mayor peso para el alimento y el bombeo de agua.
En el BFT, el altísimo costo de la energía y la necesidad de insumos para el manejo de la relación C:N (como melaza o dextrosa) se compensan con la drástica mejora en la conversión alimenticia y la altísima productividad por área, que diluye los costos fijos (infraestructura, mano de obra) sobre un volumen de producción mucho mayor.
La rentabilidad está intrínsecamente ligada a la eficiencia del manejo. Un sistema convencional bien operado puede ser rentable, con un menor riesgo asociado a fallos sistémicos (como un corte de energía). El retorno de la inversión tiende a ser más lento, debido a la menor intensidad productiva.
El BFT, por su parte, ofrece un potencial de rentabilidad y ROI mucho más acelerado. La capacidad de realizar múltiples ciclos por año en una misma área y la alta productividad generan un ingreso bruto expresivamente mayor. Sin embargo, el riesgo también es proporcionalmente elevado. Un fallo en el sistema de aireación o un desequilibrio bioquímico pueden llevar a pérdidas masivas en cuestión de horas.
Independientemente del sistema elegido, el éxito no reside solo en la estructura, sino en el control preciso de la operación. La complejidad del BFT, en particular, hace que el uso de software de gestión sea una herramienta no solo útil, sino esencial. El monitoreo y registro diario de múltiples parámetros, el control riguroso de insumos como alimento y energía, y el análisis de datos para la toma de decisiones son vitales.
Para ambos sistemas, el control de costos es un pilar. Rastrear con precisión cada componente del costo de producción es fundamental para calcular la rentabilidad real e identificar puntos de optimización. Las herramientas de gestión, como el sistema Despesca, automatizan estos procesos, ofreciendo informes claros que transforman datos brutos en inteligencia para el negocio, garantizando que el productor tenga una visión clara de la viabilidad económica de cada ciclo.
La elección entre biofloc y el sistema convencional no tiene una respuesta única. El sistema convencional es más adecuado para productores con gran disponibilidad de área y agua, menor capital para invertir en tecnología intensiva y que buscan un modelo de menor riesgo operativo.
El sistema de biofloc es la elección para el emprendedor que busca maximizar la producción en áreas limitadas, posee mayor capital para invertir en tecnología e infraestructura, y tiene acceso o está dispuesto a invertir en conocimiento técnico especializado. Es un sistema de alto rendimiento, alta rentabilidad potencial, pero también de alto riesgo y que exige un manejo riguroso y basado en datos.
En última instancia, la decisión debe basarse en un plan de negocio sólido, que considere el análisis de viabilidad económica de ambos escenarios. Y, para cualquiera de los caminos, la implementación de una gestión profesional, apoyada por herramientas tecnológicas, será el diferenciador que separa una operación de subsistencia de un negocio acuícola verdaderamente rentable y sostenible.